Trucos para calmar la ansiedad con la comida

   A menudo encontramos personas a quienes les supone un esfuerzo supremo iniciar una dieta con el fin de perder unos kilos de más, o implantar hábitos de vida saludables en su día a día. ¿Quién no ha sentido pereza alguna vez cuando se plantea un cambio en su rutina diaria, y más aún cuando el premio de tales esfuerzos se ve difusamente a medio/corto plazo? Y lo peor de todo, bajo mi punto de vista, es que una vez conseguimos dar el paso adelante y tirar de fuerza de voluntad como si de “Rocky en el último asalto” se tratase, cuando dejamos a un lado la pereza y nos conjuramos para iniciar una dieta salvadora que nos hará parecernos a nuestr@ idolatrad@ adalid de la belleza, aparece el mayor enemigo al que podemos enfrentarnos en estos casos: la ansiedad.

¿Qué es la ansiedad?

   Resumimos la ansiedad como ese estado de angustia permanente que te oprime el pecho ante una situación estresante. Tenéis una definición mucho más exhaustiva (y profesional) en el siguiente enlace (os recomiendo que si estáis interesados en el tema echéis un vistazo porque es bastante interesante).

   Las personas que sufren ansiedad se ven muchas veces desalentadas por lo complicado que resulta diferenciar cuándo los síntomas se tratan de verdadera ansiedad o cuándo es sólo una forma de refugiarse ante una acción (por ejemplo en este caso el cambio de hábito alimenticio calmar la ansiedadligado a una dieta) que les supone un esfuerzo al que en principio no quieren someterse. Desde fuera es muy difícil de distinguir ambos estados, produciéndose muchas veces situaciones incómodas. Alguien que no sufre ansiedad (afortunadamente), probablemente tendrá dificultad de ponerse en la situación de la persona que sí lo sufre, y a la que un simple gesto, como puede ser no comer en un determinado momento, le puede suponer una cima insalvable. Decirle a una persona que sufre ansiedad “oye, no comas tan ansiosamente” o “deja de tener esas ansias con la comida”, se asimilaría a decirle a una persona que tiene la gripe “oye, deja de tener la gripe”. Quizás así podamos hacernos a la idea de lo difícil que puede llegar a ser comprender que la ansiedad en sí misma no es una enfermedad, pero sus trastornos sí podrían desembocar en una enfermedad mental.

   Esto mismo debemos tratar de entender con nosotros mismos. Se hace necesario que tratemos de analizar lo que sentimos, que intentemos averiguar cuándo nos empuja a comer la ansiedad o cuándo lo hace simplemente nuestra gula o el aburrimiento. Diferente es la situación si este aumento del apetito está provocado por cambios hormonales, depresión, enfermedades… En estos casos, la solución pasa por recurrir a nuestro médico especialista para que diagnostique cuál es el motivo y de qué manera podemos tratarlo. Aún así, no desesperéis, hay pequeños trucos que os harán esquivar como “toreros” ese “monstruo” llamado ansiedad.

Cómo calmar la ansiedad

 

   Os ofrecemos una serie de consejos que os ayudarán a vencer la “obsesiva” tentación de picotear compulsivamente y de ingerir alimentos que pueden haceros fracasar en vuestra meta de conseguir el equilibrio estético y funcional:

  1. Beber agua: El agua es fundamental en nuestro organismo. Se recomienda beber al menos dos litros de agua diarios. Si repartimos parte de esta cantidad antes de las comidas principales (tomando por ejemplo dos vasos de agua antes de desayuno, comida y cena), no sólo nos hidrataremos convenientemente, si no que además reduciremos notablemente el apetito. Además, es posible que cuando pienses que tienes hambre, realmente lo que tengas es sed. Son estímulos que debemos aprender a diferenciar pero que a simple vista no es para nada sencillo. Te recomiendo que busques en google “hambre o sed” y te informes sobre este punto.
  2. Servir la comida en platos pequeños: con este simple truco, podremos evitar la tentación de acabarnos el plato de comida a pesar de que ya estuviésemos saciados.
  3. Comer muy despacio: Es importante pararnos a saborear los alimentos. Disfrutar de la comida ayudará a calmar la ansiedad, a reducir la sensación de apetito (que lleva “retraso” por así decirlo con la sensación de saciedad) y además facilitará nuestra digestión. ¡Todo son ventajas!
  4. Controlar los horarios de comida: Es importante no espaciar excesivamente las comidas. A veces podemos tener la tentación de saltarnos comidas creyendo que así podremos reducir la suma de calorías diarias, causando realmente el efecto contrario. Espaciar mucho la comida nos provocará que aumente la ansiedad y que ingiramos más cantidad de alimentos en el momento que paremos a comer. Es mucho más aconsejable hacer unas 5 comidas diarias, repartidas entre todo el día, con pequeñas cantidades que 2 o 3 grandes atracones.
  5. Seleccionar bien los alimentos: Igual de importante es realizar una buena selección de nuestra alimentación. Eliminar los alimentos y bebidas que aporten “calorías vacías” (como el azúcar, el alcohol…), aumentar la cantidad de alimentos ricos en fibras etc…
  6. Incluir alimentos saciantes en las comidas: Hay alimentos calmar ansiedadque pueden provocar que la sensación de saciedad aparezca antes que otros, en similares cantidades. Podemos utilizar estos alimentos, beneficiándonos de esta característica y eliminando calorías innecesarias que de otro modo ingeriríamos.
  7. Regular el sueño: El sueño es el momento diario en el que nuestro cuerpo recarga las baterías. Una buena gestión de las horas de sueño (no sólo las horas que estamos en la cama), ayudará a calmar la ansiedad entre otras muchas ventajas. Se hace muy importante “aislar” la funcionalidad de la cama, evitando llevarnos reflexiones importantes o tratando de eliminar hábitos como ver la televisión o jugar con el móvil, de manera que se haga automático el hecho de ir a la cama para DORMIR.
  8. Evitar el aburrimiento manteniéndonos ocupados: Muchas veces comeremos sólo por aburrimiento. Aunque parezca increíble, piensa en las ocasiones en las que no estás haciendo activamente nada. Supongo que habrás pensado en esas tardes/noches de sobremesa en las que frente al televisor, viendo algún programa o película, sólo prestando atención a esa máquina de fabricar zombies obesos, has acabado picando patatas fritas, gominolas, y demás porquerías , perdón, alimentos no saludables. Pues ése sería un ejemplo de lo que ocurre cuando no estamos ocupados activamente. Nuestro cerebro se pone en estado de “stand by” quedándose a la deriva, y dirigiéndose hacia lo más cómodo (o gustoso en este caso).
  9. Llevar una vida activa practicando algún deporte: Este punto se relaciona íntimamente con el anterior. Estar ocupado es sano. Si además tu ocupación es un deporte en el cual disfrutas, doblemente sano. Consigues de golpe quemar calorías y calmar la ansiedad. Un dos en uno.
  10. Relajarse antes y después de comer: Hay muchos métodos de relajación (yoga, ejercicios de respiración…) que pueden ayudarnos a calmar la ansiedad. Además, puede ser buena ayuda tomar una infusión con plantas relajantes (Valeriana, Melisa, Pasionaria…).
  11. Reducir el estrés: El último y no por ello menos importante consejo. Hoy día un lujo al alcance de muy pocos. Estrés y ansiedad viajan cogidos de la mano. Plantearse la vida restándole importancia a los problemas diarios, tomarse ratos para disfrutar sólo o en pareja… en definitiva vivir y disfrutar del día a día.

   Éstos son sólo alguno de los trucos que puedes usar para combatir ese enemigo potencial de nuestra salud y bienestar llamado ansiedad. Calmar la ansiedad, lejos de ser una preocupación menor, debe convertirse en nuestro objetivo prioritario, más aún que el de perder esos molestos michelines por ejemplo. Conseguir apaciguar (si no eliminar por completo) esa maldita ansiedad, nos ayudará posteriormente a alcanzar todos los objetivos que nos marquemos con mayor facilidad.

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